Martes, 25 Abril 2017 -
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Las últimas fronteras del vino español

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El vino español se hace hueco en los grandes mercados mundiales, aunque todavía le quedan algunas fronteras por derribar.

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FronterasCompradores de vino en una feria de China.El vino español se hace un creciente hueco en los grandes mercados mundiales —sin llegar a los niveles de imagen y reputación de franceses o italianos— y exhibe su nivel de competitividad en calidad y precios, aunque todavía le quedan algunas “fronteras” por derribar, en destinos más o menos exóticos como Yibuti, Wallis y Futuna o Suazilandia.

Los operadores plantan cara a los obstáculos, como el proteccionismo que practican diferentes Estados —barreras no arancelarias— e incluso ataques, como los que han sufrido camiones españoles en las últimas 48 horas cerca de la frontera con Francia. En general, los vinos españoles han llegado a lo largo de 2016 hasta 189 países —Francia lo hizo a 198 e Italia, a 180—, con unas ventas de más de 2.630 millones en los datos interanuales a octubre.

En los últimos 10 o 15 años, Francia lideró el ránking de las exportaciones en valor e Italia es la que más ha crecido en términos porcentuales, aunque España ha superado a ésta última gracias a una evolución muy positiva, en el período 2010-2015, según el director gerente de la Interprofesional del Vino de España, Jaime Palafox.

Entre las mayores bazas competitivas, España tiene en referencias de precio medio o medio-bajo su mayor fortaleza, es líder en graneles —aunque sus precios son muy inferiores a Francia o Italia— y ocupa “una posición importante” en vinos con valor añadido (con DO). El reto está, a su juicio, en incrementar el valor de las ventas en ambos segmentos, más aún cuando la calidad es “muy alta”.

El secretario general de la patronal del vino (FEV), Pau Roca, cree que el comercio exterior representa tan sólo un 10-20% de lo que podría ser si no existieran más de 600 barreras comerciales, como obstáculos técnicos o fiscales.

Diferentes análisis auguran aún un importante potencial para España y, de acuerdo con el “Wine Trade Monitor” de Sopexa —basado en preguntas a 1.100 compradores y distribuidores en siete grandes mercados (Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia, China, Hong-Kong y Corea del Sur)— el vino francés es el más referido (94%), seguido del italiano (80%), y el español figura en el tercer lugar (76%). Uno de cada dos operadores augura crecimientos importantes de España en Canadá, Rusia y Corea del Sur, según esta encuesta, que detalla que Rioja es la segunda región más buscada, tras Languedoc.


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El año 2017 será clave para reforzar la competitividad mundial del vino español

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Un informe encargado por el Comité National des Interprofessions des Vins à Apellation D’origine (CNIV) y France Agrimer refleja incluso que los vinos españoles se sitúan entre los más competitivos del mundo, después de Nueva Zelanda, Italia, Chile y Francia, pero por delante de Sudáfrica, Estados Unidos, Argentina o China. Los bajos costes de producción, la diversidad de la oferta y el acceso a los mercados figuran entre sus puntos fuertes.

Los analistas del OEMV apuntan que “los vinos españoles están ya en prácticamente todos los mercados mundiales, gracias a una distribución que se va acercando a la de otros países con muchos más años de presencia masiva” en las exportaciones globales.

Entre los últimos territorios que se resisten a la conquista del vino “Made in Spain”, se encuentran algunos territorios tan curiosos e inexplorados como Botsuana, Yibuti, Islas Wallis y Futuna, Groenlandia o Suazilandia, tal y como recoge un estudio del OEMV.

En algunos casos se trata de pequeñas islas donde ni el consumo es elevado, ni la distribución sencilla —con frecuencia son territorios de ultramar—, “lo que no impide que pueda haber interesantes oportunidades para alguna empresa”, recuerda.

De Malawi a Uzbekistán
Entre los destinos que hasta ahora permanecen vírgenes para los productos vitivinícolas españoles figuran también Malawi, Isla Montserrat, Papúa Nueva Guinea, San Pedro y Miquelón, Tayikistán o Uzbekistán, donde curiosamente sí hay oferta francesa o italiana. Tampoco tienen la oportunidad de probar nuestros vinos en San Vicente y Las Granadinas, Santo Tomé y Príncipe, Sudán, San Bartolomé, Islas Marshall, Mauritania, Islas Bouvet, Mayotte u Omán.

Sin embargo, desde otro punto de vista, España ha conseguido derribar fronteras vetadas para sus competidores europeos, como las Islas Malvinas —aunque exportó apenas 1.592 euros— o Tonga con 2.810 euros. En el listado de países facilitado por el OEMV donde nuestros caldos sí se pueden “catar” figuran Benin, Ghana, BES Islands (Bonaire, Saint Eustatius y Saba), Burkina Faso, Burma, Burundi, Bután, Comoros, Fidji, Corea del Norte, República Ruandesa, Samoa Occidental o Vanuatu, Togo o Uganda, entre otros.

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